El mundo oculto de musgos y líquenes

El mundo oculto de musgos y líquenes

Queremos hacer un homenaje a un par de grupos de organismos poco `usados´ en el mundo de la fotografía

`Instantes´
Por Mar Pinillos y David Martín
www.tenadadelmonte.es    info@tenadadelmonte.es

De gran importancia ecológica, se encuentran por doquier allá donde vayamos: muros, rocas, troncos, suelos e incluso fuentes y arroyos. Puede ser por esta abundancia y su, a priori, poca vistosidad, la que ha hecho que sean poco proclives a ser fotografiados. Pocas o casi ninguna foto premiada en los concursos de fotografía, tiene por objeto a algunos de estos seres

La dificultad para identificar muchas de las especies a simple vista y ser necesario el uso de lupas y microscopios para descartar una u otra especie, provoca que no estén en el `ranking´ de organismos más apreciados por el naturalista aficionado. Aquí pretendemos conocerlos un poco mejor, aunque sea someramente, mediante el uso de la fotografía, una forma económica y bastante amena.

Adentrémonos en su micro mundo

Hepática.Los briófitos, que es como se conoce de forma clásica al grupo formado por las hepáticas, musgos y esfagnos, fueron los primeros vegetales colonizadores del medio terrestre, aunque todavía dependen para su reproducción de la presencia de agua. La mayoría de las especies son muy sensibles a la desecación y se desarrollan principalmente en lugares umbrosos y húmedos: rocas, tierra, ramas y troncos de los árboles, fondos de arroyos de poca profundidad o formando las turberas, un ecosistema singular y en peligro de extinción en nuestra querida Sierra de Guadarrama. La pérdida de fuentes tradicionales también afecta a las hepáticas, pues necesitan de gran humedad constante para sobrevivir.

La mayoría de las especies son muy sensibles a la desecación

Cápsulas.A muchos de nosotros nos gusta pasear por el bosque después de un día de lluvia, en esos días las `almohadas´ de musgo están hinchadas de agua, haciendo su función de retención de agua, equilibrando la economía hídrica del ecosistema. Y es precisamente en las épocas lluviosas cuando podemos disfrutar de la aparición de otra generación, el llamado `esporofito´ (encargado de generar las esporas) y que es como se llama científicamente a los largos filamentos que acaban en una cápsula y que destacan del `gametofito´ (el musgo en sí) como si fueran las farolas de una ciudad.

Entre los musgos nos podremos encontrar pequeña fauna que ayuda a la formación del suelo y entre la `selva´ en miniatura germinan semillas de otras especies vegetales. Por tanto, tienen una gran función como protectores de fauna y flora.

Los líquenes

Los líquenes son un mundo aparte. Resultado de la unión de un alga y un hongo, representan uno de los mejores ejemplos de lo que los biólogos llamamos simbiosis y que en otros ámbitos de la vida se podría llamar cooperativismo. Es decir, ambos organismos se unen para obtener un beneficio mutuo. El alga aporta al hongo los azúcares que genera en la fotosíntesis y el hongo protege al alga de la intensidad excesiva de luz, de la desecación brusca y del calor. Esta unión permite que tengan una gran capacidad de resistencia a la desecación y a las altas y bajas temperaturas, pero con la lluvia o la humedad, al absorberla, se hinchan y no parecen el mismo organismo.

Lobaria.Cuentan con una gran variedad de formas y colores y su función principal es la de ser bioindicadores de la calidad del aire, pues son muy sensibles a la contaminación. Uno de los más sensibles, la especie Lobaria pulmonaria la podemos encontrar, por ejemplo, en el hayedo de la Pedrosa, en Riaza o en los propios jardines del Palacio real de La Granja de San Ildefonso.

La especie Lobaria pulmonaria la podemos encontrar, por ejemplo, en el hayedo de la Pedrosa, en Riaza

Liquen con apotecios.Usados también para hacer tintes, son organismos colonizadores y, contrariamente a lo que mucha gente cree, no se alimentan de la savia de los árboles ni hacen secar sus ramas, ni son parásitos. Simplemente necesitan de un lugar donde sujetarse. La variedad de formas y coloración permiten que podamos realizar, en un pequeño paseo por cualquier lugar de nuestra sierra, una amplia gama de fotografías y, si además contamos en nuestra cámara con la opción macro, podremos acercarnos e inmortalizar las estructuras reproductoras de estos seres, que dependiendo de la forma se denominan apotecios, soralios o soredios.

En definitiva, hasta los seres más pequeños y comunes, son bellos y merecen ser conocidos y conservados. Con un poco de interés basta.

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