Santa Quiteria de Alpedrete

La veneración a santos protectores es costumbre en los pueblos de la Sierra de Guadarrama

`De leyenda´
Por Rosa Alonso

No existe población serrana que no se encomiende a algún miembro del santoral católico, buscando la protección de todos sus habitantes. Es tanto el fervor, que la creencia colectiva puede evolucionar, transformándose en tradiciones populares muy arraigadas. En Alpedrete, Santa Quiteria es la mártir bienhechora de la región y, cada año, se celebran las fiestas patronales coincidiendo con su día: el 22 de mayo.

Plasmados en el calendario litúrgico, los beatos santificados son personas que manifiestan cualidades morales superiores y de los que, habitualmente, se reconocen milagros o sacrificios supremos. A la santa alpedreteña, no son pocos los prodigios que se le atribuyen, como la sanación de animales, entre otros.

La niña que fue santa                                                                                                              Quiteria fue una de las nueve hijas, nacidas de un único parto, de Calsia y Lucio Castelio Severo, gobernador romano en Gallaecia durante el siglo II. El dirigente atribuyó este alumbramiento peculiar a un acto de brujería, por lo que repudió a sus hijas y ordenó sacrificarlas. Las nonillizas fueron adoptadas en la clandestinidad por cristianos del lugar, quienes creyeron reconocer en ellas una señal divina.

Las nonillizas fueron adoptadas en la clandestinidad por cristianos del lugar

Criada en los montes gallegos, Quiteria recorrió parte de Hispania en busca de un lugar seguro. Durante su viaje, llegó hasta la zona circundante a `Ad Petrum´, hoy conocida como Alpedrete. No permaneció mucho tiempo en la región, temerosa siempre de ser descubierta, y continuó su camino hasta Toledo, villa donde se convirtió en mártir.

Alpedrete, cuna de milagros                                                                                                  Dicen de Quitaria que, mientras avanzaba, los perros se acercaban con intención de atacar pero, antes de alcanzarla, se calmaban, llegando incluso a dejarse acariciar en el lomo. De esta acción, se reconoce que la santa poseía el don de curar la rabia, una enfermedad muy extendida entre los animales de la época.

Como siempre buscaba refugio para no ser reconocida, cuentan los ancianos que un día trepó a un enebro con intención de pasar allí la noche. Desde entonces, no han podido cortar sus ramas, ya que cualquier hacha empleada se quiebra nada más tocar la madera, y el árbol bendecido crece hermoso a lo largo de todo el año.

El árbol bendecido crece hermoso a lo largo de todo el año

Sin embargo, los accidentes geográficos de la zona mostraron a la santa en su forma más humana, ya que la tradición oral también recuerda su caída en los alrededores del arroyo de los Linos o su enganche en un zarzal en Peralejo. Todas estas historias no han hecho más que fomentar el fervor por la santa, a la que se erigió una ermita en su nombre a las afueras del pueblo y que contiene su imagen.

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