Los misterios del Guadarrama (I)

`En ruta´
Por Felipe Colorado Lobo

La excursión de este mes constituye una de las más ambiciosas de las recogidas en la sección  En ruta, por ese motivo he preferido redactarla en dos partes. No obstante los menos andarines pueden realizar esta primera fase de forma autoconclusiva.

Historia, leyenda, espada y brujería

No sólo nos enfrentamos a una buena caminata hasta el cerro de la Camorca, atalaya privilegiada de Valsaín, también a caminos construidos hace milenios y leyendas sobre pérfidos caballeros templarios, inocentes doncellas y ambiciosos nigromantes. La historia -y la leyenda que ha usurpado su lugar-  representará una carga más en nuestras mochilas, liviana pero inquietante.

Valle y Puerto de la Fuenfría

Los versos que abren el artículo son del rijoso Arcipreste de Hita, que recorrió estos lares y vivió numerosos lances con las serranas, subiendo asimismo a la Fuente Fría, antigua denominación del puerto.

Acceso

Debemos llegar al pueblo de Cercedilla o a Cercedilla Estación. El acceso es inmejorable en transporte público, bien en autobuses o tren de cercanías, también en vehículo particular.

Desde Cercedilla Estación tomaremos la carretera que asciende en dirección N hacia los aparcamientos de Las Dehesas y Majavilán. Desde este último punto comienza propiamente la ruta.

Comienza la subida

Como es lógico para llegar al puerto de la Fuenfría habrá que ascender, salvando un desnivel de unos 400 metros siempre hacia el N, a través del puente del Descalzo y la pradera de Corralillos, donde tomaremos la calzada romana. Hay que advertir que el servicio de mantenimiento romano es inexistente desde hace milenios, por lo tanto el camino es un tanto desigual, aunque ancho y fácil de seguir.

Tras tres kilómetros llegaremos al puerto, con sus fuentes, sus magníficas vistas y sus praderas que invitan al descanso a los numerosos visitantes, dado que es uno de los lugares más populares de la Sierra.

Veinte siglos nos contemplan

A unos 500 metros el camino que baja al NW se bifurca. Tomaremos la opción de la derecha, dejando los pavimentos romanos para el retorno. Ambos caminos corren casi en paralelo y se encuentran en Casarás.

Dos kilómetros y medio de suave y emboscado descenso (unos 80 metros de desnivel) a través del corazón verde de los Montes de Valsaín, nos acercarán a un lugar por si solo mágico y evocador. Unos lienzos de muro del mal llamado Convento de Casarás (en realidad Casa Eraso, mandada construir por Felipe II en 1571) situados en un espolón con magníficas vistas nos invitarán a una reponedora parada.

Si quisiéramos volver desde este punto elegiríamos en esta ocasión la calzada romana (el camino al W) para retomar el puerto y descender sin peligro de pérdida a Majavilán.

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